
Poesía de María Eugenia Caseiro
La noche tiene garras de animales violentos
tiene una fuerza viva de muertos y de sombras.
Tiene la noche un saldo incontable de ausencia
y una sola vereda para andarla en silencio.
Asoma a la ventana fortuita de la noche
el festival de sombras con sus carrozas viejas
de sueños malgastados y putas macilentas,
un Dios anquilosado que duerme y no se espanta
ante el crimen sin nombre del perro con dos rabos.
La noche causa insomnio, causa hambre, acongoja;
tiene un tren que no sale del espacio marcado.
Tiene la noche un puente por









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